Entonces Tobías llamó aparte a su hijo, y le dijo: “¿Qué podemos dar a este santo varón que ha ido contigo?”
Respondiendo Tobías, dijo a su padre: “Oh padre, ¿qué salario le daremos? ¿O qué cosa podría considerarse como equivalente de sus beneficios?
Pues él me ha llevado y traído sano, cobró el dinero de Gabelo, me proporcionó esposa y ahuyentó de ella al demonio, causando alegría a sus padres; él me libró del pez que me iba a tragar, a ti te ha hecho ver la luz del cielo, y hemos sido colmados por medio de él de todos los bienes. ¿Qué podremos darle que corresponda a tantos favores?
Mas yo te pido, padre mío, que le preguntes si por ventura se dignará tomar para sí la mitad de todo lo que hemos traído.”
Llamándolo aparte el padre y el hijo empezaron a rogarle que se dignase aceptar la mitad de todo lo que habían traído.
Entonces el ángel, estando solo con ellos, les dijo: “Bendecid al Dios del cielo, y glorificadle delante de todos los vivientes, pues ha mostrado en vosotros su misericordia.
Porque así como es bueno guardar el secreto del rey, así es cosa honorífica revelar y pregonar las obras de Dios.
Buena es la oración con el ayuno, y mejor la limosna que acumular tesoros de oro;
porque la limosna libra de la muerte, y es ella que borra pecados y hace hallar misericordia y vida eterna.
Mas los que cometen pecado e iniquidad, son enemigos de su propia alma.
Por eso voy a manifestaros la verdad, sin encubriros lo que ha estado oculto.
Cuando tú orabas con lágrimas y enterrabas a los muertos y dejabas tu comida y escondías de día los muertos en tu casa y los sepultabas de noche, yo presentaba tu oración al Señor.
Y por lo mismo que eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación te probase.
Ahora el Señor me envió a sanarte a ti, y a librar del demonio a Sara, mujer de tu hijo.
Porque yo soy el ángel Rafael, uno de los siete que asistimos delante del Señor.”
Cuando oyeron estas palabras, quedaron turbados y temblando cayeron en tierra sobre su rostro.
Pero el ángel les dijo: “La paz sea con vosotros, no temáis.
Pues cuando estaba yo con vosotros, estaba por voluntad de Dios. Bendecid a Él y cantad sus alabanzas.
Vosotros creíais por cierto que yo comía y bebía con vosotros; más yo me sustento de un manjar invisible y de una bebida que no puede ser vista de los hombres.
Ya es tiempo de que me vuelva al que me ha enviado; vosotros, empero, bendecid a Dios, y pregonad todas sus maravillas.”
Dicho esto desapareció de su vista, y no pudieron ya verlo más.
Entonces, postrados sobre su rostro durante tres horas, bendijeron a Dios. Después se levantaron y contaron todas estas maravillas.