Kerygma

SalmosCapítulo 70

1

En Ti, Yahvé, me refugio, no me vea nunca confundido.

2

Líbrame por obra de tu justicia y sácame del peligro; inclina a mí tu oído y sálvame.

3

Sé para mí la roca que me acoja, el baluarte seguro en que me salves, porque mi roca y mi alcázar eres Tú.

4

Líbrame, Dios mío, de las manos del inicuo, de las garras del impío y del opresor,

5

porque Tú, Señor, eres mi esperanza; Tú, Yahvé, el objeto de mi confianza desde mi niñez.

6

En Ti he descansado desde el seno materno, desde el vientre de mi madre Tú eres mi protector; mi esperanza ha estado siempre en Ti.

7

A muchos he aparecido como un portento, porque Tú eras mi poderoso auxiliador.

8

Llénese mi boca de tus alabanzas y de tu gloria todo el día.

9

No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando me falten las fuerzas no me desampares;

10

pues ya hablan de mí mis enemigos, y espiándome se conciertan a una,

11

y dicen: “Dios lo ha abandonado; perseguidle y prendedle, pues no hay quien lo libre.”

12

Oh Dios, no quieras alejarte de mí; Dios mío, apresúrate a socorrerme.

13

Sean confundidos y aniquilados los que atentan contra mi vida; cúbranse de afrenta y rubor los que buscan mi daño.

14

Mas yo siempre esperaré, y te añadiré alabanzas cada día.

15

Mi boca anunciará, sin cesar, tu justicia y tus favores, bien que no conozco su medida.

16

Entraré a hablar de las gestas divinas; de Ti solo, oh Yahvé, proclamaré la justicia.

17

Desde mi mocedad me has enseñado Tú, oh Dios, y hasta el presente voy predicando tus maravillas.

18

En mi vejez y decrepitud no quieras tampoco desampararme, Dios mío, hasta que manifieste tu brazo a esta generación, tu poder a todas las venideras,

19

y tu justicia, oh Dios, que toca los cielos. En tan grandes cosas como hiciste, Dios ¿quién es como Tú?

20

Con muchas y acerbas tribulaciones me probaste, mas volviste a darme la vida, y de nuevo me sacarás de los abismos de la tierra.

21

Multiplicarás tu magnificencia y continuarás consolándome.

22

Y yo, Dios mío, alabaré con salmos tu fidelidad; te cantaré con la cítara, oh Santo de Israel.

23

Y cuando te cante, de gozo temblarán mis labios, y mi alma que Tú redimiste.

24

Mi lengua hablará todo el día de tu justicia, porque han quedado confundidos y avergonzados cuantos buscaban mi mal.

Texto: Biblia Straubinger, dominio público.

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