Kerygma

SalmosCapítulo 27

1

De David. A Ti, Yahvé, clamo, roca mía, no te muestres sordo conmigo; no sea que si Tú me desoyes me asemeje yo a los que bajan al sepulcro.

2

Escucha la voz de mi súplica cuando clamo a Ti, mientras levanto mis manos hacia el interior de tu Santuario.

3

No me quites de en medio con los impíos y los obradores de iniquidad, que hablan paz a su prójimo y maquinan el mal en su corazón.

4

Retribúyeles conforme a sus obras y a la malicia de sus maquinaciones; págales según su conducta, dales su merecido.

5

Porque no paran mientes en los hechos de Yahvé, ni en las obras de sus manos. ¡Destrúyalos Él y no los restablezca!

6

Bendito sea Yahvé, porque oyó la voz de mi súplica.

7

Yahvé es mi fortaleza y mi escudo; en Él confió mi corazón y fui socorrido. Por eso mi corazón salta de gozo y lo alabo con mi cántico.

8

Yahvé es la fuerza de su pueblo, y el alcázar de salvación para su ungido.

9

Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; apaciéntalos y condúcelos para siempre.

Texto: Biblia Straubinger, dominio público.

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