¡Hallelú Yah! Yo lo amo, porque Yahvé escucha mi voz, mi súplica;
porque inclinó hacia mí su oído el día en que lo invoqué.
Me habían rodeado los lazos de la muerte, vinieron sobre mí las angustias del sepulcro; caí en la turbación y en el temor.
Pero invoqué el Nombre de Yahvé: ¡Oh Yahvé, salva mi vida!
Yahvé es benigno y justo; sí, nuestro Dios es misericordioso.
Yahvé cuida de los sencillos; yo era miserable y Él me salvó.
Vuelve, alma mía, a tu sosiego, porque Yahvé te ha favorecido.
Puesto que Él ha arrancado mi vida de la muerte, mis ojos del llanto, mis pies de la caída,
caminaré delante de Yahvé en la tierra de los vivientes.