Ella guardó al que fue por Dios formado primer padre del mundo, habiendo sido creado él solo;
y ella le sacó de su pecado, y le dio potestad para gobernar todas las cosas.
Luego que apostató de esta el impío, arrebatado de la ira, se halló perdido por la furia del homicidio fraterno.
Y cuando por causa de él las aguas anegaron la tierra, la Sabiduría puso nuevamente remedio, conduciendo al justo en un leño despreciable.
Ella, igualmente, cuando las gentes conspiraron a una para obrar mal, distinguió al justo, le conservó irreprensible para Dios, y le mantuvo fuerte contra su ternura por el hijo.
La (sabiduría) libró al justo, que huía de los impíos, que perecieron cuando cayó el fuego sobre la Pentápolis;
cuya tierra, en testimonio de las maldades de ella, persevera desierta y humeando, y los árboles dan frutos sin sazón; y queda fija la estatua de sal, como monumento de un alma incrédula.
Así aquellos que dieron de mano a la sabiduría, no solamente vinieron a desconocer la virtud, sino que dejaron a los hombres memoria de su necedad, por manera que no pudieron encubrir los pecados que cometieron.
Al contrario, la sabiduría libró de los dolores a los que la respetaban.
Ella condujo por caminos seguros al justo, cuando huía de la ira de su hermano; le mostró el reino de Dios, y le dio la ciencia de los santos; le enriqueció en medio de las fatigas, y recompensó sus trabajos.
Cuando querían sorprenderle con sus fraudes, ella le asistió y le hizo rico.
Le guardó de los enemigos y le defendió de los seductores, e le hizo salir vencedor en la gran lucha, a fin de que conociese que de todas las cosas la más poderosa es la sabiduría.
Esta misma no desamparó al justo vendido; antes le libró de los pecadores, y descendió con él a la mazmorra;
ni le desamparó en las prisiones, sino que le dio el bastón del reino, y el poder contra aquellos que le oprimían; convenció de mentirosos a los que le habían infamado, y le procuró una gloria eterna.
Esta libró al pueblo justo, y al linaje irreprensible, de las naciones que la oprimían;
entrándose en el alma del siervo de Dios, el cual contrastó a reyes formidables, a fuerza de portentos y milagros.
Esta les dio a los justos el galardón de sus trabajos, y los condujo por sendas maravillosas; les sirvió de toldo durante el día, y de luz de estrellas por la noche.
Los pasó por el Mar Rojo a la otra orilla, y los fue guiando entre montañas de aguas.
A sus enemigos los sumergió en el mar, pero a ellos los retiró del profundo abismo. Así los justos se llevaron los despojos de los impíos;
y celebraron con cánticos, oh Señor, tu santo nombre,
alabando todos a una tu diestra vencedora. Porque la sabiduría abrió la boca de los mudos, e hizo elocuentes las lenguas de los niños.