Oh, Dios de todas las cosas, ten compasión de nosotros; vuelve hacia nosotros tus ojos, y muéstranos la luz de tus misericordias.
Infunde tu temor en las naciones, que no han pensado en buscarte; para que entiendan que no hay otro Dios sino Tú, y pregonen tus maravillas.
Alza tu brazo contra las naciones extrañas, para que experimenten tu poder.
Porque así como a vista de sus ojos demostraste en nosotros tu santidad; así también a nuestra vista mostrarás en ellas tu grandeza;
a fin de que conozcan, como nosotros hemos conocido, que no hay otro Dios fuera de Ti, oh Señor.
Renueva los prodigios, y haz nuevas maravillas.
Glorifica tu mano, y tu brazo derecho.
Despierta la cólera, y derrama la ira.
Destruye al adversario, y abate al enemigo.
Acelera el tiempo, no te olvides del fin; para que sean celebradas tus maravillas.
Devorados sean por el fuego de la ira aquellos que escapan; y hallen su perdición los que tanto maltratan a tu pueblo.
Quebranta las cabezas de los príncipes enemigos, los cuales dicen: “No hay otro fuera de nosotros.”
Reúne todas las tribus de Jacob; para que conozcan que no hay más Dios que Tú, y publiquen tu grandeza, y sean herencia tuya, como lo fueron desde el principio.
Apiádate de tu pueblo que lleva tu nombre, y de Israel a quien has tratado como a primogénito tuyo.
Apiádate de Jerusalén, ciudad que has santificado, ciudad de tu reposo.
Llena a Sión de tus palabras inefables, y a tu pueblo de tu gloria.
Declárate a favor de aquellos que desde el principio son creaturas tuyas y verifica las predicciones que anunciaron en tu nombre los antiguos profetas.
Remunera a los que esperan en Ti, para que se vea la veracidad de tus profetas; y oye las oraciones de tus siervos,
según la bendición que dio Aarón a tu pueblo, y enderézanos por el sendero de la justicia. Sepan los moradores todos de la tierra, que Tú eres el Dios que dispone los siglos.
El vientre recibe toda suerte de manjares; pero hay un manjar que es mejor que otro.
El paladar distingue el plato de caza; así el corazón discreto las palabras falsas.
El corazón depravado ocasionará dolores; mas el hombre sabio se le opondrá.
La mujer tomará por marido a cualquier varón; mas entre las doncellas una es mejor que otra.
Las gracias de la mujer bañan de alegría el rostro de su marido, y producen en él un afecto superior a todos los deseos del hombre.
Si su lengua habla palabras saludables, de blandura y de compasión, el marido de esta mujer tendrá una ventaja que no es común entre los hombres.
Quien posee una buena esposa, comienza a formar un patrimonio, tiene una ayuda semejante a él, y una columna de apoyo.
Donde no hay cerca, la heredad será saqueada; donde no hay mujer, gime el hombre en la pobreza.
¿Quién se fía de aquel que no tiene nido, y que se echa para dormir donde le sorprende la oscuridad de la noche, y es como un ladrón muy listo que salta de una ciudad a otra?