Todos los que están bajo el yugo de la servidumbre tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que el nombre de Dios y la doctrina no sean blasfemados.
Y los que tienen amos creyentes, no por ser hermanos les tributen menos respeto, antes sírvanles mejor, por lo mismo que son fieles y amados los que reciben su servicio. Esto enseña y a esto exhorta.
Si uno enseña otra cosa y no se allega a las palabras saludables de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es según la piedad,
este es un hombre hinchado que no sabe nada, antes bien tiene un enfermizo afecto por cuestiones y disputas de palabras, de donde nacen envidias, contiendas, maledicencias, sospechas malignas,
altercaciones de hombres corrompidos en su mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es una granjería.
En verdad, grande granjería es la piedad con el contento (de lo que se tiene).
Porque nada trajimos al mundo, ni tampoco podemos llevarnos cosa alguna de él.
Teniendo pues qué comer y con qué cubrirnos, estemos contentos con esto.
Porque los que quieren ser ricos caen en la tentación y en el lazo (del diablo) y en muchas codicias necias y perniciosas, que precipitan a los hombres en ruina y perdición.
Pues raíz de todos los males es el amor al dinero; por desearlo, algunos se desviaron de la fe y se torturaron ellos mismos con muchos dolores.
Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y anda tras la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.
Lucha la buena lucha de la fe; echa mano de la vida eterna, para la cual fuiste llamado, y de la cual hiciste aquella bella confesión delante de muchos testigos.
Te ruego, en presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús —el cual hizo bajo Poncio Pilato la bella confesión—
que guardes tu mandato sin mancha y sin reproche hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo,
que a su tiempo hará ostensible el bendito y único Dominador, Rey de los reyes y Señor de los señores;
el único que posee inmortalidad y habita en una luz inaccesible que ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea honor y poder eterno. Amén.
A los que son ricos en este siglo exhórtalos a que no sean altivos, ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente de todo para disfrutarlo;
que hagan el bien; que sean ricos en buenos obras, dadivosos, generosos,
atesorándose un buen fondo para lo porvenir, a fin de alcanzar la vida verdadera.
Oh, Timoteo, cuida el depósito, evitando las palabrerías profanas y las objeciones de la seudociencia.
Por profesarla algunos se han extraviado de la fe. La gracia sea con vosotros.